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Manuel Ferrer on October 4, 2014
La semana pasada, las calles del centro histórica, la bahía y el distrito financiero de Singapur fueron escenario, un año más, del Gran Premio más aburrido para los aficionados y más rentable para los organizadores.
Aburrido para los aficionados porque no se puede adelantar, lo cual priva al aficionado de las acciones más espectaculares. Pero eso es la carrera. El negocio que hay detrás es otra cosa. Veamos, organizar cada gran premio es costosísimo. La licencia a los dueños de los derechos de la Fórmula 1 se cifra en unos 40 millones de euros por carrera. Cada año hay que montar el circuito, que es urbano y además nocturno, con lo que todo se debe iluminar para replicar la luz del día. Eso cuesta unos 30 millones más. En total unos 70 millones de inversion por carrera que se financian en su integridad de varias formas. En primer lugar con sponsors, siendo el principal de este año Singapore Airlines y, en segundo lugar via un impuesto especial por habitación de hotel ocupada en esos días, siempre que el hotel este dentro o alrededor del trazado del circuito. Ni que decir tiene que la ocupación en los hoteles es del 100%, con lo que nadie se queja de ese impuesto especial. Finalmente, en esos días, el negocio de convenciones, restauración y el comercio, alcanzan su pico más alto del año.
Pero aunque la carrera no se autofinanciera, solo el marketing que supone meter lo más bonito de Singapur en los hogares de millones de telespectadores durante dos horas, no tiene precio. En España estamos lanzando la Marca España, lo cual me parece muy bien. He aquí un buen ejemplo de marca, la Marca Singapur. Una vez más, me quito el sombrero. Tenemos mucho que aprender.